El Hombre Rojo se destiñe a Negro
Por Mitchell Cowen Verter, Dec 20, 2003

San Francisco es un lugar lleno de individuos que orgullosamente desarrollan sus propios estilos, declarándose al mundo a través de la manera en que se presentan. Uno de estos personajes notables era el Hombre Rojo de la Misión, un caballero que portaba un fino mostacho, de traje impecable, quien pintaba su cara y sus manos de rojo, pareciéndose a un demoníaco Salvador Dali o Errol Flynn.

Existe mucho misterio alrededor de la vida de este personaje, pero aquellos que lo conocían mejor parecen estar de acuerdo en algo: hace un año en diciembre del 2002, fue llevado de emergencia al Hospital General de San Francisco. Su apariencia única lo estaba matando: el colorante de comida china y otras substancias que usaba para pintarse la cara y las manos le habían envenenado la sangre y otros órganos internos. Murió unos días después.

MITOS Y LEYENDAS
A pesar de que han brotado leyendas y mitos acerca de la vida del Hombre Rojo, todavía se pueden discernir algunas verdades de esta cosecha de fábulas. Tal vez porque se llamaba a sí mismo el “Mata Siete”, surgieron muchos rumores que decían que estaba involucrado en un horrible acto de violencia física o sexual, como víctima, como verdugo o sólo como testigo. Sin embargo, según Martin Rapalski, el aliado del Hombre Rojo aquí en San Francisco durante 20 años, este sobrenombre se refiere a un valiente torero quien ha ejecutado a siete toros, no a un evento traumatizante.

Una vez el Hombre Rojo le mostró su tarjeta de identidad a Rapalski, que indicaba que había nacido en 1918 y que habían cambiado legalmente su nombre a “Prince Charm”. Un nativo de San Francisco, su familia fue una de las primeras en ser dueña de una casa en el Upper Haight. Hablaba español fluentemente, lo que parece indicar que era latino.

El Hombre Rojo le contó a mucha gente acerca de su profesión como marino mercante, hablando poeticamente acerca de un lugar en el Oceáno Atlántico de vientos suaves y de aguas calmadas. Durante un tiempo vivió tal vez en la Ciudad de Nueva York, pero después regresó a San Francisco donde durante mucho tiempo trabajo como barbero y como supervisor de los hoteles de la calle Market. La mayoría del tiempo vivió en varios edificios de habitaciones individuales de la ciudad, hasta que decidió quedarse en el Sunshine Hotel de la calle Valencia.

EL PÍCARO
Muchos san franciscanos se acuerdan de haber visto al Hombre Rojo por primera vez en los últimos años de la década de los 80, cuando se visitaba el Pícaro, una vez el lugar más bohemio de la ciudad. Mucha gente dice que parecía muy esquivo durante este tiempo. Rapalski explica que el Hombre Rojo sufría de esquizofrenia paranoica y escuchaba voces, especialmente cuando se negaba a tomar su medicamento. Tal vez es por esto que cuando algo lo alteraba en el Pícaro, comenzaba a gritarle a alguien. Y porque estaba muy ocupado peleándose con sus propios demonios, parecía que mucha gente le caía mal. De hecho, alguna veces se ponía a gritar cuan mal le caía la gente afroamericana o las mujeres blancas. Discutía con el supervisor del Pícaro con frecuencia, una vez molestándose tanto que pateó y escupió al supervisor.

A pesar de este lado negativo, Prince Charm demostró ser un caballero dulce y gentil con aquellos que lo conocían mejor. Comenzó a visitar la librería Adobe Bookstore sobre las calles 16 y Valencia, haciéndose amigo del personal de ese lugar hablando acerca de su vida. El Hombre Rojo se hizo querer tanto por las trabajadoras de ese librería que muy pronto lo comenzaron a llamar “Princey”.

EXHIBICIÓN DE ARTE
El 6 de julio del 2001, dos empleadas, Christine Shields y Lara Allen, organizaron una exhibición de arte en la librería. Rodeado de imágenes de su elegante y enigmática belleza, “Princey” se paseaba entre una muchedumbre de espectadores fascinados quienes estaban emocionados de tener la oportunidad de acercarse a su majestuosa presencia. Muchas personas recuerdan este evento como la más vívida memoria de este brillante individuo.

Ahora que se ha ido, los san franciscanos aún se preguntan porqué se pintaba de rojo. A pesar de que no le gustaba hablar de su apariencia única, le confió a Christine Shields una posible explicación: mientras vivía cerca del templo Hare Krishna del Tenderloin, descubrió unas apariciones rojas que viven en otro nivel de la realidad y que poseen a los cuerpos humanos para realizar sus tareas sobre la tierra. Siendo uno de ellos, en forma de encarnación, el Hombre Rojo los paseaba por la ciudad, coleccionando mapas y cartas de navegación para ayudarlos a navegar. Shields piensa que el Hombre Rojo no murió ese diciembre del año pasado, sino que pasó al mundo de las apariciones y que ahora vaga por nuestra ciudad como una aparición.

Aquellos que quieren sentir el espíritu de este enigmático personaje pueden ver su arte en el Latin American Club sobre las calles 22 y Valencia.


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